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Cuidado con las locuras en los viajes de generación

Los viajes de generación son para celebrar que los estudiantes están por terminar la universidad, dejar de estudiar para enfrentarse por fin al mundo laboral, es una de las salidas donde las locuras están a la orden del día y se vale. Bien dice que lo que pasa en Las Vegas, Acapulco, Ixtapa, Los Cabos, se queda ahí y no pasa nada. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado con lo que hacemos, porque nos podríamos estar metiendo en serios problemas debido al consumo excesivo de alcohol, a la gran felicidad que nos invade y que no nos permite pensar con claridad. Como le sucedió a uno de mis mejores amigos.

En nuestro viaje de generación decidimos ir a Cancún por cuatro días y tres noches. Como debía ser nos la pasamos bebiendo, pues conseguimos un paquete que tenia todo incluido: bebidas, comida, alcohol y más alcohol. Así que los vasos de bebidas alcohólicas iban y venían, nos las tomábamos como si fueran agua y el efecto tardaba más en pegarnos pues el calor hacía que se retrasara, debido a que sudábamos demasiado. En ese viaje, mi amigo conoció a una chica venezolana con un cuerpo de Diosa y carita de ángel. Sin pensarlo se lanzo al ataque. No sé qué clase de jugada maestra hizo pero logró que ella lo invitara a su cuarto y ahí sucedió lo inevitable.

Tuvieron una noche de pasión desenfrenada. Despertó con una gran sonrisa, según nos contó, pero no todo iba a ser felicidad. Mientras la venezolana aún dormía, mi amigo escuchó como se abría la puerta, pensó que era el servicio a la habitación y no hizo nada, sólo se sentó en la cama y encendió un cigarro. Pero al abrirse la puerta entró un hombre con una guayabera y un pantalón caqui, quien empezó a gritar el nombre de la chica y comenzó a jalonear a mi amigo, él se asustó porque no sabía lo que estaba pasando. El hombre le dijo “es mi vieja, cab…” y mi amigo sólo pudo contestar que ella jamás le dijo que tenía esposo. Cuando lo soltó, mi amigo tomó sus cosas a máxima velocidad y echo a correr hacia la puerta, antes de salir volteó a ver por última vez y se dio cuenta que el hombre había sacado una pistola de debajo del colchón. Fue en ese entonces que corrió como nunca.