(Por Asier Andrés Fernández)
Recibido de Amílcar Castañeda, correponsal de Prensa Indígena, Inforpress Centroamericana, 6 de junio.- ONU solicita reconocimiento de pueblos indígenas del Pacífico. NICARAGUA. Indígenas chorotegas serían más numerosos que los miskitos del Caribe. Afirman que la Nicaragua mestiza es un mito.
Los indígenas de la costa Pacífica de Nicaragua recibieron recientemente un respaldo crucial por parte de la ONU a la que ha sido su aspiración histórica: ser reconocidos oficialmente como pueblos originarios.
A pesar de que los sucesivos gobiernos democráticos habían sostenido que los chorotegas o los nahuales habían sido asimilados por la cultura mestiza, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial emitió el pasado mes de mayo una resolución en la que se exhorta al Estado a que reconozca la existencia de estos pueblos y que respete sus derechos culturales.
Pero más allá de las implicaciones legales que se puedan derivar de este pronunciamiento, lo cierto es que se ha contribuido a acabar con la imagen, muy arraigada entre la población, de una Nicaragua indígena y negra en la Costa Caribe y otra mestiza en el Pacífico. No en vano, un 10% de los nicaragüenses se considera nativo y la mayor parte de ellos no reside en las Regiones Autónomas del Caribe.
»»Apoyo internacional.- La recién pasada semana el gobierno oficializó la creación de una Secretaria de Asuntos Indígenas y colocó a su frente a Joel Dixon, un mayagna originario del Río Bocay. Fue una demostración más de la que se ha convertido en una de las insignias de la nueva administración sandinista: la defensa, al menos en el discurso, de la identidad de los pueblos del Caribe y la promoción de indígenas a cargos en el gobierno central.
No obstante, una política similar no parece haberse aplicado con los nativos del Pacífico, el Centro y el Norte del país que llevan batallando durante años para que se les reconozca de forma oficial como pueblos indígenas y se les concedan títulos de propiedad comunal sobre sus territorios.
De hecho, ante la negativa de la justicia local, ha sido necesaria la intervención de una instancia internacional para que las demandas de los chorotegas, nahuales, xious y cacaoperas que viven en el Occidente de Nicaragua, hayan sido finalmente atendidas.
Esa institución es el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la ONU que recientemente emitió una resolución en la que se solicita al Estado la aprobación de una ley de los pueblos indígenas del Pacífico Centro y Norte, tal y como la que en la actualidad se aplica a los miskitos, mayagnas, garífunas y creoles que viven en las Regiones Autónomas del Atlántico.
Además, también se recomienda a las autoridades la creación de una ventanilla especial dentro de la Procuraduría de los Derechos Humanos, para la atención de los problemas que padecen los indígenas del Pacífico.
Se confirmó, de esta manera, el triunfo de las organizaciones de nativos frente al Estado de Nicaragua, que en los informes bianuales que presenta ante la ONU sobre el cumplimiento de la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación Racial, había sostenido que los pueblos como el Chorotega ya no existían como tales.
Pero lograr esta victoria no fue fácil. Como explicó el asesor jurídico de la Coordinadora Diriangén (nombre de un cacique Chorotega que luchó contra los españoles en la conquista), Rigoberto Mairena, fueron necesarios dos años de trabajo legal para poder justificar la existencia de estos pueblos ante la Comité para la Eliminación de la Discriminación.
«Al final hemos conseguido algo histórico. La resolución no sólo implica nuestro reconocimiento oficial ante la Comunidad Internacional, también reconoce el sesgo que han tenido todos los informes presentados ante el Comité sobre nuestra situación y pone en un compromiso al Estado», comentó el experto legal.
No obstante, Mairena no quiso caer en el triunfalismo. «Estamos conscientes de que esto es sólo un paso. Ahora empieza otro trabajo» , aseguró.
En efecto, como explicó el asesor, en la actualidad han comenzado un diálogo con la Comisión de Asuntos Étnicos de la Asamblea Nacional, para que sus reclamaciones sean recogidas en el futuro documento legal en el que se dé a los pueblos nativos del Pacífico el mismo status del que disfrutan los del Caribe.
Además, prosiguió, también se ha iniciado el trabajo con el Procurador de los Derechos Humanos para que lo antes posible pueda concretarse la creación del puesto de Procurador para los asuntos de los indígenas en el Occidente del país. Aunque Mairena valoró que estas primeras pláticas están siendo positivas prefirió mostrarse escéptico sobre su futuro.
«El gobierno no va a cumplir nada por su propia voluntad. Éste es un problema histórico, producto de la ideología de un Estado dominado por una oligarquía criolla. El Frente Sandinista al considerarse el partido más cercano a los oprimidos debería ser el que más defendiese los intereses indígenas pero siguen imbuidos del esquema de la Nicaragua mestiza, que defiende la oligarquía, y no la Nicaragua multiétnica», criticó.
»»Los pueblos invisibles.- Discursos como el de Mairena, no sólo no son aislados sino que en los últimos años están en auge entre aquellos habitantes de la vertiente del Pacífico que se identifican como indígenas. Una población que, según sostienen las asociaciones que los aglutinan, ha padecido un etnocidio silencioso por parte de un Estado que ha seguido la política de negar su existencia.
Este pensamiento está recogido en un documento de la Coordinadora Diriangén, organización formada por los indígenas residentes en Matagalpa y Jinotega: «Para ocultar la existencia de los pueblos indígenas, las oligarquías criollas, establecieron el mito del mestizaje como un sustento ideológico para justificar una política de racismo de Estado.
Ocultar la existencia de los indígenas y desaparecerlos políticamente es más fácil y más eficaz que eliminarlos físicamente. A esto se le ha llamado el Mito de la Nicaragua Mestiza», afirma el informe.
Esta actitud sostenida por los sucesivos gobiernos desde la independencia de la Corona española en 1821, no se ha traducido en una extinción de la cultura nativa en los supuestos departamento mestizos del país. Así se pone de relieve al conocer los datos sobre la población que se considera indígena en el Pacífico, que, de hecho, supera a la existente en las Regiones del Atlántico Norte y Sur (RAAN y RAAS, respectivamente).
La RAAN y la RAAS disfrutan de un régimen especial que les otorga cierto nivel de autogobierno, precisamente como reconocimiento a su carácter multiétnico. Mientras que la población miskita, mayoritaria en la RAAN, suma en torno a 150 mil individuos, los chorotegas alcanzan la cifra de 213 mil personas. De esta forma, esta etnia, dividida a su vez en varios pueblos diferenciados, representa la población nativa más grande del país.
De acuerdo a un Censo elaborado por las propias coordinadoras indígenas, ya que las estadísticas oficiales sólo recogen la identidad étnica en los municipios del Caribe, los chorotegas tienen presencia en los departamentos de Madriz, Nueva Segovia, Jinotega Matagalpa, Chinandega y Boaco.
Sin embargo, no son los únicos indígenas del pacífico. En segunda posición como grupo más numeroso se sitúa la comunidad cacaopera, cuyos casi 100 mil miembros se circunscriben al departamento de Matagalpa. Tras ellas se encuentran los Xiou del departamento de León (49 mil personas) y los Nahoa que viven en Rivas y son en torno a 20 mil.
En total, la población indígena en el Pacífico asciende a 338 mil personas, lo que representaría el 55% de los nativos de Nicaragua. En la RAAN y la RAAS, bajo la misma denominación se engloban unas 165 mil personas incluyendo miskitos, mayagnas y ramas. En estas regiones, además, cuentan con población Garífuna (2 mil), en ciudades como Bluefields y Creole (unos 43 mil).
Si bien son más numerosos, los indígenas del Pacífico padecieron una política de asimilación que los pueblos del Caribe no sufrieron. Esta diferenciación se ha achacado a que la costa atlántica fue colonizada por la Corona Británica, que nunca estuvo interesada en convertir a los indígenas en «ingleses». Algo que no ocurrió durante la conquista española.
Es por ello que gran parte de las lenguas originarias del Occidente han desaparecido, lo que a su vez ha restado legitimidad a las reclamaciones que estos pueblos llevan realizando en los últimos años. La Coordinadora Diriangen lo explica en un documento de esta forma: «Ahora el Estado nos paga con negarnos la existencia porque ya no usamos el nahualt, ni el matagalpa, ni el maribio, ni usamos el taparrabo.
Ni siquiera el huipil porque se nos prohibió usarlo para obligarnos a comprar telas, ya no tomamos nuestra cususa porque se nos prohibió hacerlo para comprar Ron Plata. Ahora nuestros recursos naturales los destruye el Estado y las piezas sagradas con las que nuestros antepasados adoraban a los dioses, adornan las casas lujosas, donde no entran los indios», afirma el texto.
Aunque las reclamaciones culturales han experimentado un auge entre estos pueblos, la tenencia de la tierra es el principal problema que deben afrontar como consecuencia de no haber recibido el status oficial de indígenas. Así, no han podido hacer valer ante el Estado los títulos de propiedad comunal que les fueron otorgados por las autoridades españolas en el siglo XVII, fundamentalmente.
Uno de los problemas más habituales ha sido la entrega de títulos a terceros sobre tierras que les pertenecían. Este fenómeno se dio durante la Reforma Agraria de los años 80 y más recientemente con el reparto de tierras que se realizó entre los desmovilizados del Ejército y la Resistencia Nicaragüense (la llamada Contra)•
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el pensamiento y la realidad de los pueblos indígenas.