SIEC. Actualidad Étnica, Atánquez, (César) 18 de julio.- Bienvenido Arroyo, nos dice bienvenidos a la Sierra Nevada de Santa Marta; allí nació y allí vive pregonando la cultura de su Pueblo Arhuaco. Es un anciano de 63 años que vive en Simunorua, uno de los tantos pueblitos de la Sierra asediados por los actores armados del conflicto colombiano, y una región muy codiciada para desarrollo de
grandes proyectos comerciales.
Bienvenido asiste a la Audiencia Final del Tribunal de los Pueblos, que se realiza en Atánquez, corregimiento de Valledupar, César, hasta el próximo 19 de julio. En esta audiencia, los Pueblos indígenas denunciarán y juzgarán a las empresas trasnacionales que explotan los recursos naturales en sus territorios y han vulnerado sus derechos.
Bienvenido se decidió a hablar; dice que no es sólo la proyección de megaproyectos lo que les afecta, sino también la incursión de actores armados: “Estas cosas las hemos sentido de una forma impresionante, nos quieren presionar para quitarnos los derechos propios que tenemos y ahora lo vamos a dar a conocer a otros departamentos y amigos, para que nos ayuden con esta preocupación.
En la Sierra Nevada cada día nos presionan más, nos están atacando fuertemente, se nos entraron los grupos armados: guerrilla, paramilitares y ahora el ejército, y cada uno nos culpa de ser colaboradores del otro, nos involucran; ¿entonces? No, hombre, así no se puede”, dice Bienvenido agitándose las manos y moviendo
la cabeza para indicar su desacuerdo con el conflicto.
No es para menos el disgusto de Arroyo, padre de nueve hijos. En un conversación con Actualidad Étnica dice que su vida la ha dedicado a cultivar la tierra para mantener su familia, y “eso nadie nos lo enseñó, nosotros aprendimos porque fue la herencia que nos dejó nuestro Padre Dios: que cultivemos la tierra para vivir bien”.
Bienvenido ve con nostalgia cómo las empresas del capital sólo ven la naturaleza con el fin de ganar plata, cómo los presionan los grupos armados. “Entonces nos quitan la palabra; nosotros hemos esta’o callaos (sic), pero ahora tenemos que hablar y vamos a dar a conocer al pueblo colombiano lo que nos están haciendo”.
Con su mirada franca, este anciano recuerda que antes en su región todo era “una tranquilidad muy sana y no había esas preocupaciones de que alguien viniera a hacernos daño, nadie tenía que temer a los grupos armados porque no iban a venir a quitarnos nada”.
Hoy, Bienvenido cuenta que no contentos con llegar a su tierra y desalojarlos de sus propiedades y bienes, fueron a perseguir a los indios que tuvieron que irse a vivir a lo más profundo de la sierra; “allí llegan los grupos armados, cualquiera que sea, y les quitan sus animalitos, se les comen las vaquitas y las ovejitas”.
Esto ha hecho que Bienvenido se haya decidido a hablar, primero lo hace con Actualidad Étnica, luego dará a conocer estos hechos al mundo “para buscar apoyo”. Dijo que lo que más ha dolido al Pueblo Arhuaco es que no les hayan respetado su cultura, y sobre todo que les hayan profanado la Línea Negra, sitio donde ellos realizan sus rituales espirituales y pagamentos.
“La Línea Negra se debe respetar. Así cómo los occidentales piden respetar el Sagrado Corazón de Jesús, para nosotros la Línea Negra tiene el mismo significado que para ellos el Sagrado Corazón”. Arroyo solo quiere vivir tranquilo como antes, hoy ya tiene más de 60 años y una familia que sostener, pero también es el portador de toda una herencia cultural que está en la obligación de difundir y preservar, al igual que todos los mamos de la Sierra.
Con voz firme, dice Bienvenido: “No queremos que nos privaticen la Sierra, el interés nuestro es que el gobierno y la sociedad reconozcan nuestro territorio, por eso siempre estamos hablando de la Línea Negra para que el gobierno nos la reconozca y la respete; tampoco vamos a pasar más allá de la Línea Negra. ¡No vamos a pasar, ni a pelear con nadie!
Lo único que pedimos es paz. Hemos sido dueños de esta tierra desde antes de la conquista. Antes vivíamos tranquilos, teníamos nuestro orden, nuestra supervivencia estaba asegurada, la tranquilidad también. Ahora los occidentales, que nosotros llamamos los grandes capitalistas y terratenientes, se creen nuevos dioses que quieren hacer lo que les dé la gana y eso es lo queremos denunciar”.
El anciano enfatiza el respeto por la Línea Negra, le preocupa que en el sito donde realizan sus rituales sagrados de agradecimiento a los dioses (pagamentos) haya un subsuelo rico en minería, y que ahora los occidentales quieran usufructuar “lo que nuestro Dios nos dejó para vivir.
Vivimos tanto tiempo, de milenio en milenio, de la siembra. Nadie nos ha enseñado a sembrar, nosotros mismos tenemos nuestro cultivo para el sustento del diario y para mantener nuestra pequeña familia, cultivamos un poquito de todo para manutención de la casita”. Para Bienvenido, el encuentro con otros indígenas es de mucho apoyo para las preocupaciones que tienen, aunque bromea diciendo que ni siquiera los indígenas se conocen entre sí.
De las nuevas generaciones de su pueblo piensa que han perdido un poco el horizonte: “Antes fue nuestro interés que nuestros hijos estudiaran para saber; hoy si uno analiza la misma familia de uno, ve que se van a estudiar y llegan a ser universitarios, pero cuando vuelven ya vienen con la visión de afuera, con la visión occidental, y eso mismo quieren imponernos, imponer una visión que no es la nuestra, sino la que ellos recibieron”.
El anciano ha quedado en silencio con la mirada perdida en la tarde que agoniza con el sol radiante de la sierra, reflexiona y dice: “Paradójicamente, el que mandamos a estudiar viene casi como enemigo; viene a imponernos lo que aprendió afuera y la cultura de nosotros ni siquiera la sabe”.
Antes de concluir la conversación con Bienvenido, el anciano pide que no olvidemos algunos preceptos si queremos preservar la naturaleza, “fuente de toda vida”. Señala que el hecho de hacer producir la tierra no causa daño, lo grave es si se hace producir sólo con fines económicos; “la herencia que nos dejó el Padre Dios es que produzcamos la tierra para vivir bien, pero el pensamiento occidental cree que el desarrollo es sólo ganar plata.
El desarrollo para nosotros es la ley de nuestro Padre Dios de cultivar la tierra para vivir bien, vivir en ella y cuidarla. No podemos perder de vista este fin: El desarrollo es vivir bien con la naturaleza.”•
Esta página es un esfuerzo por difundir
el pensamiento y la realidad de los pueblos indígenas.