(Por Resguardo Indígena Kankuamo)
SIEC. Actualidad Étnica, Bogotá, 24 de junio.- Tradición Oral, mitos y leyendas kankui. En el Pueblo Kankuamo existe una rica y vasta tradición oral representada en mitos, leyendas, cuentos, historias, parábolas, acertijos.
Estos elementos constituyen la columna vertebral para la enseñanza de las nuevas generaciones, como quiera que a través de ella los niños aprendan normas de comportamiento, de relación social la visión del mundo, las leyes de la naturaleza y los principios de la ley de origen. Existen mitos que explican el origen del mundo, la tierra, el aire, el fuego, al agua, los animales, las plantas, las piedras, los espíritus.
»»El pozo Usiriba.- Varios pozos de la región kankuama tenían grandes misterios y eran temidos por sus habitantes. El pozo de Usiriba poseía el encanto de atraer personas por medio de una fuerte y enigmática brisa; si el que pasaba por su lado no era de su agrado, o hacía ruido en sus alrededores.
Cerca de este lugar vivió un mamo poderoso llamado Polinga, que a su muerte dejó el pozo como un lugar de pagamento para sus descendientes. Cuentan los abuelos, que de él salía un arco iris muy vistoso, y animales fabulosos como el ciempiés, la serpiente doroy, y otros menos extraños como patos silvestres y guaras, dando la impresión de existir allí un fondo acuático exótico.
También, dicen los abuelos, que en la fecha del Corpus Christi, en el pozo se escuchan los tambores de las danzas.
»»El Siborcito.- A los viajeros que eran sorprendidos por la noche en los caminos solitarios se les aparecía este singular espanto que según los ancianos de la región era un hombre bajito, vestido de blanco y con un enorme sombrero de paja, y que salía del tronco de un enorme Morundúa que había en Chiscuindya.
Emitía un agudo y sobrecogedor silbido que se escuchaba varias leguas a la redonda y que para muchos anunciaba la muerte de las personas; porque cuando se revelaba llenaba de de terror alas gentes. Dicen que se aparecía sobre todo a individuos que sabían brujería y para alejarlo era necesario rezarle la oración de las siete palabras, “la de la santísima trinidad”, o gritándole: ¡ahí viene San Bartolomé!
También se podía aplacar encendiendo candela, por tal razón los viajeros nocturnos siempre marchaban acompañados de un tabaco encendido. Las personas sorprendidas por el Siborcito y que no estaban preparadas eran llevadas a montes espesos de donde eran rescatadas y al cabo de unos tres días morían presas de terror y desespero.
Se dice que cuando este Sixquiyani o ancestro recorría o pasaba por las calles de algún caserío era un anuncio de desgracia y seguro se presentaba alguna calamidad o una peste sobrevendría al población, como cuando la viruela negra hizo estragos en la comunidad kankuama.
Tomado de: Cartilla Pueblo Kankui, elaborada por el Resguardo Indígena Kankuamo y la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte D.C•
Esta página es un esfuerzo por difundir
el pensamiento y la realidad de los pueblos indígenas.